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Sandra Borda Guzmán – El Avance Lento pero Contundente del Proceso de Paz en Colombia: Acuerdo sobre participación política.

28 noviembre 2013 No Comment

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Sandra Borda Guzmán*

El gobierno colombiano y las FARC han terminado la negociación sobre el segundo punto de la agenda del proceso de paz colombiano.  El primer tema sobre el cual hubo acuerdo fue el relacionado con la situación agraria del país y este segundo tema, igualmente difícil, pasa por una discusión sobre la participación política de las FARC si el proceso llega a feliz término.  A mi juicio, hay cinco factores en este acuerdo que es preciso resaltar. Los resumo a continuación:

1. Para empezar, el acuerdo sobre participación política que se acaba de lograr en La Habana no tiene precedentes en materia de procesos de paz en Colombia.  Es la primera vez que se avanza tanto y que se contempla de tan cerca la eventual participación de las FARC y otros sectores en el proceso político nacional.  Gran punto a favor.

2. El tono general de los acuerdos apunta hacia una profundización y consolidación de la democracia colombiana. No hay nada muy debatible allí: los colombianos están todos de acuerdo en que más participación y más directa en un objetivo indiscutiblemente deseable, también hay acuerdo en que hay que fortalecer la ciudadanía y el ejercicio electoral.  En ese sentido el acuerdo es también positivo: como resultado de esta negociación, podremos tener una mejor democracia en Colombia, un sistema político más pluralista y quizás, también uno más participativo.

3. Tres temas son claves en ese acuerdo: a. las garantías al ejercicio de la oposición en materia política, electoral y de seguridad. b. La creación de circunscripciones transitorias especiales de paz y c. la proscripción de la violencia como método de acción política. Los dos primeros puntos son mecanismos que buscan brindarles a las FARC y a otros sectores no tradicionales y que han permanecido al margen del sistema político, mayores garantías y canales de participación para que puedan acceder al poder y representar población que por cuenta del conflicto armado no han podido incorporarse al sistema político. El último es un hito en materia de negociaciones de paz en Colombia: las FARC prometen abandonar, finalmente, la doctrina de la validez de todas las formas de lucha y se presentan con intenciones más serias de hacer política sin usar las armas. Todo encaja bien: si se mejora el régimen democrático entonces no hay excusa para seguir haciendo política con las arma

4. Este avance le da un respiro al proceso en La Habana y también en Colombia.  El acuerdo no es para nada superficial o hueco, y al contrario es bien grueso y abarcante.  Al menos mientras la coyuntura electoral mengua en Colombia (las elecciones presidenciales y legislativas ambas sucederán durante el primer semestre del próximo año), va a acallar las voces opositoras al proceso y le va a permitir a la mesa avanzar con más tranquilidad. Al final, los dos temas más difíciles y en donde las posiciones de las partes estaban más separadas se pudieron negociar.  Esto envía una muy buena señal: lo que queda es sustantivo pero también es susceptible de ser negociado.

Ahora bien, todavía hay temas que no se han resuelto y que siguen quebrando el consenso interno alrededor del proceso y más concretamente hablando, alrededor de la participación de los miembros de las FARC en política. El Barómetro de las Américas en Noviembre de 2013 midió las actitudes de la opinión pública hacia el proceso de paz y encontró que un 53% de la muestra nacional apoya el proceso de paz y que solo un 32% no lo apoya.  Sin embargo, cuando a los encuestados se les pregunta sobre las posibilidades de éxito de los diálogos un 37% cree que no hay ninguna posibilidad de que sean exitosos, un 39% cree que es poco probable que sean exitosos y solo un 19% cree que el proceso puede llegar a feliz término.  La opinión tampoco cree probable que las FARC se desmovilicen definitivamente y, más complicado aún, tampoco está de acuerdo en que se deban hacer concesiones de ningún tipo a este movimiento insurgente.  Cerca de un 75% de los encuestados desaprueban el perdón a miembros de las FARC en caso de que confiesen sus crímenes y tampoco hay gran fe en las herramientas de la justicia transicional (Los resultados de la encuesta se encuentran aquí:

http://www.obsdemocracia.org/fileman/files/INFORMES%20COL/2013/Primera%20Encuesta%20Nacional%20sobre%20el%20Proceso%20de%20Paz.pdf)

Lo que le queda de tarea inaplazable al gobierno es iniciar un proceso de socialización y pedagogía de las negociaciones, su naturaleza, sus ventajas y sus eventuales consecuencias. Por cuenta de la necesidad de mantener los diálogos bajo un manto de confidencialidad que sin duda ha sido útil, el gobierno se ha privado de transmitir su propio mensaje sobre la dinámica de las conversaciones y su propia posición en las mismas.  Mientras tanto, la oposición a las negociaciones ha sido vocal, directa y ha transmitido un mensaje claro y simple en contra de los diálogos.

Así las cosas, el escenario de las próximas elecciones es al mismo tiempo una oportunidad y una amenaza: es una oportunidad para difundir con más claridad y estructura un mensaje pro-diálogos por parte del presidente Santos (ahora ya formalmente candidato a la re-elección), pero también es una amenaza en la medida en que el potencial de politización del tema de la paz es indiscutiblemente mayor.

El siguiente tema de discusión de acuerdo con la agenda que ambas partes acordaron al inicio del proceso es el del narcotráfico.  Se trata de un tema espinoso porque allí confluyen intereses importantes de actores internacionales (como Estados Unidos) y, consecuentemente, el margen de maniobra del gobierno no es tan amplio.  Sin embargo, si se desataron los nudos del agro y de la participación política, no hay que descartar que ocurra lo mismo con este tercer tema (para un análisis de los desafíos que enfrenta la mesa de negociación en este tema ver http://www.peacebuilding.no/Regions/Latin-America-and-the-Caribbean/Colombia/Publications/The-search-for-a-negotiated-peace-in-Colombia-and-the-fight-against-illegal-drugs).



* Profesora Asociada del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Los Andes. Bogotá, Colombia.

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